El deseo de Celina

El deseo de Celina

El deseo de Celina de ofrecer su vida a Dios sufre una prueba difícil. Durante un retiro espiritual con las hermanas de Visitación en Wilno. Celina había decidido ingresar al monasterio. Pero ante la clara insistencia de sus padres y del obispo y confesor Zylinski aceptó casarse.

Fue ésta una experiencia muy dolorosa. Para asumir la decisión del nuevo camino, pide a sus padres los días de retiro en el convento de sus queridas Hermanas de la Visitación, para poder en el silencio y en soledad junto con Dios, analizar y reflexionar sobre el futuro de su vida. Fiel a la Voluntad Divina asume la decisión de sus padres y de su confesor. Sin embargo sufre mucho porque debe negar de su vocación y ofrecérselo sobre el altar de la obediencia, dando con esto el testimonio del verdadero amor, al amor a la santa voluntad de Dios.
El 26 de noviembre de 1853, en la catedral de Wilno se celebró el casamiento de Celina Chludziñska con José Borzecka.
En el fondo de su alma estaba segura que en este momento ésta es la voluntad de Dios y la quiere cumplir fiel y cabalmente.
Desde el principio cumple con gran celo el rol de esposa y de ama de casa.
El Esposo de Celina José Borzecka era un hombre recto, noble y religioso, que fielmente observó los mandamientos de Dios. Se caracterizó por su gran mansedumbre, la dulzura de sus sentimientos y una ternura excepcional para con su esposa y los hijos. Dedicó su vida entera a ellos, pensando únicamente en asegurar su felicidad y bienestar.
José deseó conformar a su joven esposa y hacerla feliz. No reservó ningún medio material, sino la colmó con placeres, diversiones y aun con cierto grado de esplendor, propio de las costumbres de la época. Deseó tener a su mujer vestida aristocráticamente, para aparecer en público, mantener amplios contactos sociales y recibir numerosos invitados en su hogar. Viajaban mucho por Europa, visitaron las grandes capitales europeas, reconocieron las obras maestras de arte, visitaron galerías, museos e iglesias admiraron la belleza de la naturaleza. Celina se somete a los deseos de marido y mortificando los propios ideales con un corazón bien dispuesto, agrada a su marido.
Ejerció esto con tal gracia y naturalidad que nadie, ni siquiera la mayoría de los amigos íntimos y de confianza sospecharon, que ella a todo lo efímero no le ponía su corazón. Estaba más allá de lo mundano…
Dios bendice el matrimonio, dando a ellos cuatro hijos, de los cuales sobreviven solo dos hijas: Celina y Eduviges .Otros dos murieron después de pocos días del nacimiento.
El primer empeño de madre fue dar la gracia santificadora del bautismo lo antes posible a los recién nacidos.
La vida familiar es cristiana y ejemplar.
Llega el año 1863, Celina sufre profundamente la tragedia de su nación (sublevamiento del año 1863.) sin dudarlo, sacrifica todo en pro de un objetivo grande y santo. Por la ayuda prestada a los insurrectos, es encarcelada en Grodno, con la pequeña hija Eduviges en brazos. Por suerte fue una etapa breve. Gracias a los esfuerzos de su marido, Celina es dejada en libertad. Sin embargo, todo este período está signado por la cruz y el sufrimiento. Celina pierde a varios familiares cercanos muy queridos. Pero las adversidades no doblegan su alma.
En año 1869 José Borzecka sufrió un repentino ataque de parálisis. Celina deseando salvar su salud, se dirige a Viena. Se lleva consigo a sus hijas para continuar supervisando su educación.
En 1871 comienza en Viena a escribir sus memorias bajo el título de “Memorias para mis hijas”, que constituye un importante documento histórico y sicológico que refleja la belleza de su alma y la obra en ella de la gracia de Dios.
El sistema educativo de Celina está constituido por dos principios fundamentales, su lema es “con amor y verdad”.
El 13 de febrero de 1874 muere en Viena el esposo de Celina. Tras arreglar los asuntos más urgentes. Celina viaja a Roma para proseguir la educación de sus hijas.
Revive en ella con fuerza renovada el deseo de ofrecerse al Señor. Roma y especial un encuentro con el Padre Pedro Semenenko, entonces General de los Padres Resurreccionistas, decidieron su vocación.
Pronto su hija mayor Celina se une en matrimonio a José Haller, ciudadano de Kielce. La boda se celebró en Varsovia el 25 de noviembre de 1879.
Su hija menor, Eduviges (nacida el 2 de febrero de 1863) al morir su padre tenía 11 años.

Desde la más tierna edad reflexionaba sobre el objeto y sentido de la vida y a veces expresaba preguntas a su madre:
“¿Que fui antes de comenzar a existir?
“¿Mamá qué es mejor, saber mucho y ser estudiosa, o bien entregarse totalmente a Dios?”
Recibió una educación muy completa y una buena preparación para la vida. En Roma, el Padre Semenenko se dedicó a guiarla y ella absorbía sus enseñanzas con toda el alma. De sus manos recibió también la primera Comunión en Roma, el 20 de abril de 1876. Eduviges conoce los planes de su Madre. Ella también escucha el llamado “sígueme” pero no sabe adónde dirigirse.
El 25 de marzo 1881, después de realizar un retiro espiritual bajo la dirección del P. Semenenko, Eduviges decide entregarse exclusivamente a Dios y llevar a cabo una obra conjunta con su madre.
Madre e Hija ponen los cimientos de la nueva Congregación. En diciembre de 1882 se despiden con su familia y su país.
El 24 de diciembre de 1882 el pequeño grupo de las primeras Hermanas de la Resurrección, en número de 7 inician su vida religiosa en Roma. Llegan candidatas de diversos países. Bajo la dirección espiritual del Padre Semenenko, se forman las almas de las primeras hermanas. El Padre desea inculcar en los corazones de las Hermanas toda su enseñanza ascético-mística.
El objetivo es el amor a Dios y la santificación de las almas, y la condición necesaria es el renunciamiento a uno mismo, la destrucción del “yo”.
La primer Regla para las Hermanas, llamada “Regla de las Ocho Bienaventuranzas”, fue basada por el Padre Semenenko en el Sermón de la Montaña de N.S. Jesucristo. Toda la espiritualidad de la Resurrección está contenida en esta Regla. No faltan dificultades, pruebas ni experiencias en la naciente Congregación. El 18 de noviembre de 1886 en París muere el Padre Pedro Semenenko, su muerte, juzgando humanamente, arruina todas las esperanzas de Celina Borzecka. Nadie cree en el desarrollo de la pequeña, casi insignificante Congregación.
Se adoptó una postura adversa y de desconfianza hacia la Madre Celina, y aun los Padres Resurreccionistas le dieron la espalda, no deseando saber nada sobre su Congregación.
Transcurren los años llenos de sufrimientos….
El 24 de agosto de 1887 el cardenal Parrocchi recibió a la Madre en una audiencia privada y le pidió que le mostrara la Regla. El Cardenal la aprobó y dio opinión, de significación histórica, sobre la Regla: “Es extraordinaria. Ojalá Dios permita que sea cumplida.” Subrayó su actualidad, especialmente desde el punto de vista del trabajo en las parroquias:”Parroquia –qué hermosa y que necesaria en nuestros tiempos.” Las Hermanas recibieron permiso del Cardenal para abrir en Roma una escuela parroquial para niñas humildes bajo la advocación de san Juan Cansio. La escuela romana inició las numerosas obras de apostolado y educación de la Congregación. El 2 de julio de 1889 Celina y su Hija obtuvieron una audiencia privada con el Papa León XIII y recibieron la bendición apostólica. El Padre General Przewlocki, convencido por la postura de la Madre, también tomó confianza a las Hermanas. El día 6 de diciembre de 1890 se celebró la primera Misa en el convento de Vía Véneto 95 y dejó el Santísimo Sacramento. Mientras tanto, la Madre Celina junto con las Hermanas tuvo que pasar todavía otra prueba. Esta vez se trataba del nombre de la Congregación. Los Padres Resurreccionistas propusieron cambiar el nombre de Hermanas de la Resurrección a Hermanas de la Anunciación, manteniendo las Hermanas la Regla y la espiritualidad del Padre Semenenko. Fue éste un rudo golpe dirigido a la esencia misma de su ideal. Ya que no se trataba de la dominación, sino de la idea. Este asunto fue definitivamente resuelto por el Cardenal Vicario Parrocchi, quien mantuvo el nombre: Hermanas de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Tras años de sufrimiento la Iglesia dio su consentimiento para la fundación oficial de la Congregación. El Cardenal Parrocchi determinó que tanto la Madre Celina como su Hija Eduviges Cofundadora, podían realizar los votos perpetuos.
Los años de prueba fueron reconocidos como un largo Noviciado.
El 6 de enero de 1891 en la pequeña capilla del convento en Vía Venteo se llevó a cabo la ceremonia de toma de hábitos y profesión. La Madre Celina y la Hna Eduviges realizaron sus votos perpetuos, y las tres hermanas restantes: Hermana Aniela Sutullo, Hermana Teresa Olszewska y Hermana María Zubylewicz los votos temporarios.
En la fiesta de Epifanía se realizó la presentación oficial de la Congregación de las Hermanas de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo en la Iglesia.

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